jueves, 10 de agosto de 2017

La verdadera razón por la que no arrasa el mercado on line: los repartos

Hoy en día el comprar por internet es fácil, y muy seguro (siempre que sigas unas reglas básicas). Pero pese a ir aumentando poco a poco, el comprar “en persona”, sigue superándolo por mucho. Se puede argumentar que las personas mayores no se fían, que se prefiere verlo en persona; pero si preguntas a los compradores habituales de la red, te dirán lo peor de ello: esperar que la compra llegue a casa.

Las tiendas cada vez mas ponen ofertas “premiun”, para llevarte el paquete en pocas horas a tu casa. Pero claro, esto equivale a pagar bastante más que los gastos de envío habituales. Las personas que no tienen prisa, no lo usan. Desgraciadamente, esto las convierte prácticamente en ermitañas, esperando que llegue el dichoso paquete.

 Alguno podría aducir, que muchas tiendas o empresas de reparto, te dejan elegir días y franjas horarias para la entrega. Sin embargo, la cruda realidad es que pasan olímpicamente de lo que elijas. Llegan cuando les viene bien en su ruta a los repartidores, como si no les preocupa lo que eligieras. E incluso en ocasiones (algo que he sufrido en mis carnes), si están muy agobiados te marcan como “no está en casa”, y pasan de intentar entregarlo: ya lo harán la próxima vez.


Entonces es cuando tienes que cagarte en sus muelas (metafóricamente); les pones a caldo en algún foro público donde estén (twitter suele funcionar bastante bien), para que finalmente se pongan las pilas, consiguiendo que te lo entreguen. Así consigues que te traigan a casa un paquete que ellos han tenido 12 días en su poder… porque ellos lo valen.



En estas circunstancias, da bastante pereza comprar a distancia. A veces te ves obligado (como en mi caso); pero de poder evitarlo, compraría siempre en persona, para evitar estos sainetes.



lunes, 5 de junio de 2017

Confusión de identidad

--   Te digo que es.

- -      Yo te digo que no.


- -      Seguro que sí. Si cubre todos los requisitos.

--   Aun así. Que te digo que no es.

-        

- -       Vamos a ver: Si es una rubia de pelo largo, con un arma que echa rayos… ¡¿Cómo no va a ser ella?!





domingo, 14 de mayo de 2017

Cuando los partidos renuncian a su ideología

Hace unos días José Ignacio Torreblanca, escribió una columna en El País, donde abogaba que el PSOE debía elegir un secretario general pensando menos en quien representaba mejor los valores del partido y a ellos mismos, sino en poder conectar con la gran mayoría de votantes españoles.
El autor dice claramente algo que otros colegas llevan comentando más veladamente hace tiempo: que para convertirse en una alternativa de gobierno, el socialismo europeo debe abandonar sus posturas ideológicas y malearlas, hasta llegar a la suficiente  cantidad de gente que le permita gobernar.


No es que los programas de los partidos políticos, se cumplan mucho tras las elecciones de turno. Y es cierto, que de vez en cuando, los partidos cambian sus programas y filosofías. Pero el renunciar a sus fundamentos para acercarse a “votantes de centro izquierda”, es algo complicado y peligroso. Algo que se ha echado en cara en los últimos años al PP, por parte de sus votantes más antiguos y de derechas, es que han renunciado a los postulados de un partido de derechas, para  ser algo más difuso y convertirse en un partido de gestión.
Si el PSOE intentara hacer lo mismo, se encontraría en una doble pinza: por un lado UNIDOS PODEMOS, les reprocharía su abandono de la izquierda (haciéndose probablemente con una gran cantidad de sus votantes); por el otro, daría más razón a la gente que afirma que el PP y el PSOE es lo mismo: partidos gestores dependientes de Bruselas. Y teniendo que elegir entre 2 partidos iguales, ya saben lo que dicen: mejor el original.


El problema de no tener una ideología clara, es que con el tiempo todos parecen iguales. Si un militante ve como su partido renuncia a sus principios, dejara de votarlo tarde o temprano.  Para elegir entre simples gestores, no hay ganas ni emoción; solo apatía, aburrimiento y en el caso de las elecciones, abstención.


sábado, 15 de abril de 2017

Porque Corea del Norte tiene parte de razón

En los últimos días, la tensión entre EEUU  y Corea del Norte, ha crecido alimentada por declaraciones altisonantes y demostraciones de musculo militar. EEUU quiere que Corea del Norte destruya su programa nuclear, ya sea por las buenas o por las malas. Ellos por su parte, amenazan con una dura respuesta en caso de que los americanos intenten una acción militar.

Ahora pensemos en EEUU. Un país que sin necesidad de declaración de guerra o un mero debate en el congreso, puede lanzarte 59 misiles sin estar cerca siquiera, o uno tan potente que tiene un radio de impacto de 1,5 kilómetros. Así sin más. Teniendo esto en cuenta ¿Es realmente reprochable que otros países intenten conseguir armamento “disuasorio”? Después de todo, esa es la principal idea sobre la que se forjo la carrera armamentística nuclear. Que el régimen de Corea del Norte sea  como es, no invalida la pregunta. EEUU puede imponer su voluntad a otros por medio de la fuerza, u operaciones encubiertas saltándose la legalidad internacional, y nadie le tose. Por ello, es comprensible que países a los que consideran “enemigos”, intenten tener bazas disuasivas. La nuclear es una opción apocalíptica, y por ello un freno poderoso. Los países que tienen esas armas, son mucho más complicados de atacar militarmente por miedo a represalias devastadoras; asi fue como EEUU hizo que Japón se rindiera en la 2ª Guerra Mundial.


Desde que se firmo el Tratado de No proliferación Nuclear, solo un selecto grupo de países puede tener “legalmente” armamento nuclear. El resto, haya firmado o no, es susceptible de ser puteado, digo… sancionado. Pero generalmente, esas sanciones no han resultado ser eficaces. Y volvemos al punto principal del problema: Si un país puede imponer su voluntad por la fuerza, es lógico e incluso lícito, que otros intenten aumentar su musculo para que no lo haga. Que esto ocasiones una escala armamentística, es triste, pero con un presidente estadounidense que decide bombardear países mientras esta comiendo postre, es algo esperable.